Café Costura Café Costura

 Mariela Zarzábal, directora de Café Costura Montevideo

 

Hazlo tú mismo


Esa es la filosofía que guió a Mariela Zarzábal a lanzar su propio emprendimiento, un espacio donde el experto y el novato pueden coser y tejer sus propias prendas.


Entrar a Café Costura es ya de por sí una experiencia agradable. El lugar nos motiva a hacer cosas, incluso a aquellos que puedan sentirse muy lejos de la costura. Un amplio espacio muy ordenado y limpio, una cocina abierta con una pequeña barra, estanterías con hilos de todos los colores, botones, telas, alfileres, tijeras, cintas y otras instrumentos, y una gran mesa en el centro, que uno se imagina repleta de bocetos, papeles y telas, y rodeada de personas sentadas en taburetes trabajando. El cuarto contiguo da más ganas; seis coquetas estaciones con máquinas de coser generan un ambiente de concentración casi terapéutico. Además, máquinas multipunto, overlock y collareta completan el equipamiento central del local.


La idea de Café Costura es ofrecer un servicio de alquiler por hora, que incluye, además de todas las máquinas e instrumentos de trabajo, el asesoramiento y la guía técnica necesaria para llevar adelante el proceso de creación. También un café, un refresco y el intercambio con otros. Ese uno de los principios de Café Costura; que coser sea una actividad divertida, relajante, que signifique aprendizaje y creación.   


El modelo de negocio tiene su origen en París en 2010, donde se creó el primer café costura llamado SweetShop (http://sweatshopparis.com/). El segundo es madrileño: Tete Café Costura http://www.tetecafecostura.com/; el tercero ya está en Montevideo.


Mariela Zarzábal, la directora del emprendimiento, es técnica en Vestimenta egresada de la UTU, y estudiante del Centro de Diseño. Siempre trabajó de forma independiente, una opción familiar para poder quedarse con sus hijos cuando eran más chicos. Primero confeccionando y dedicada al diseño para bebes, más adelante vendiendo en distintas ferias, y también dedicando algunas horas a tareas de docencia en una academia.


Ya cuando ingresó al Centro de Diseño acondicionó el galpón de su casa como un taller, para poder hacer allí sus trabajos y entregas. Poco a poco comenzó a darse cuenta de la necesidad que tenían sus compañeros de contar con un espacio similar, pero además, de tener el apoyo técnico para la elaboración, para pasar su idea del diseño a la tela. 


“Vos pasás por el proceso de diseño, llegás a un boceto final y ahí empieza la tarea de hacerlo. Por lo general lo que sucede es que eso se terceriza, se manda a modistas, y las modistas a veces no captan muy bien la idea de diseño. Muchas veces lo resuelven diciendo esto no se puede hacer, y en realidad sí se puede hacer, hay que darle mil vueltas, pero se puede hacer. Entonces faltaba eso en el medio para que los estudiantes pudieran decir: ‘quiero hacer esto y no lo tengo que modificar todo para que la modista lo pueda hacer’. Para eso también se precisa una persona que esté acompañando ese proceso, ahí fue donde nos metimos nosotros”, nos cuenta Mariela.


Con su taller acondicionado en el galpón y tras el pedido de sus compañeros, comenzaron a llegar de a uno o dos buscando ayuda, hasta que de repente se encontró con que estaban trabajando en su casa cinco o seis estudiantes al mismo tiempo. “Mi esposo siempre me apoyó mucho, y ahí dijimos: ‘está bueno como para hacerlo profesional y dedicarnos a esto’”.


Tejiendo redes


Luego de bastante investigación en busca de apoyos, presentaron la idea al concurso de Ideas para Emprender de la Red Emprender, y aunque no ganaron, Mariela recuerda que en el proceso aprendieron mucho. “Fuimos a todos los talleres, y eso nos dio pie para otras cosas, y empezamos a armar un bosquejo del plan de negocios. De ahí surgió la propuesta de ingresar al programa C-EMPRENDEDOR; tuve la entrevista, quedé en el programa y empecé la capacitación. Después fue una cosa atrás de la otra”, cuenta.


La inversión para la puesta en marcha del emprendimiento fue en base a préstamos familiares y mucho trabajo: la refacción del local, el diseño, las mesas y los muebles fueron todos acondicionados por ella y su marido. “Todo lo hicimos nosotros”, asegura. El local abrió sus puertas el 25 de octubre de 2011, y en estos primeros meses la respuesta ha sido muy buena, fundamentalmente de los estudiantes del Centro de Diseño, que ya aprovecharon para preparar sus entregas de fin de año en el café.


Estratégicamente ubicado a una cuadra del Centro de Diseño, el primer objetivo de Café Costura fue justamente apuntar a los estudiantes de Diseño: “nos dimos cuenta que esto se necesitaba, que el espacio de asesoramiento y taller no lo tiene el Centro, porque se ha focalizado en el proceso de diseño, que es independiente de la técnica en sí misma”.


Pero con la puesta en marcha también encontraron respuesta en otras líneas de trabajo. “Empieza a conocerlo gente que no tiene nada que ver con el diseño, hay varias mujeres que están viniendo, que se enteraron por Facebook, que siempre tuvieron interés en aprender a coser y les encantó la propuesta. Hay una que se está haciendo un vestido, lo está haciendo lento, un día viene dos horas, una hora otro día. Conversamos, encuentran el espacio de intercambio de conocimientos, un espacio como hasta semi terapéutico, donde voy cosiendo y hablando de mi vida, de mis cosas, y justo a la otra le pasó algo similar, y se genera eso que está bueno, que nunca nos hubiéramos imaginado que terminaría pasando”.


En ese sentido es que lanzaron en enero talleres de aproximación a la máquina de coser y de iniciación a la costura, para que aquellos que empiezan de cero puedan en unas pocas horas aprender costuras sencillas pero útiles: el bajo de un pantalón, achicar una remera, hacer forros para almohadones. El objetivo es que el espacio se adecúe a los tiempos y necesidades de los clientes, por eso no hay matrícula ni pago de cuotas, y se paga por hora. “Nos ha pasado de gente que dice ‘mi sueño era aprender costura, pero ya estoy vieja para meterme en cursos donde todos son jóvenes, y no quiero arrancar si después abandono…’ La idea es: si querés venir una vez y experimentar lo que es el espacio, sos bienvenido, si querés seguir viniendo y venís todos los días, sos bienvenido”.


También hay talleres especializados en fieltro, tejido a dos agujas, tejidos crochet, talleres que llevan un par de clases pero que son dinámicos y de fácil acceso. Café Costura está impregnado de la filosofía “Hazlo tú mismo”, por lo que también implementarán un taller de customización de prendas. Mariela explica: “A veces pasa que pensás que no tenés nada para ponerte, pero mirás el ropero y está repleto. Algunas cosas ya pasaron de moda, algunas te quedan cortas o tu cuerpo cambió y precisás ajustarlas, y en general son arreglos sencillos. Nosotros proponemos que traigan la clásica Hering, y la modificamos, le hacemos maguitas distintas, le ajustamos la cintura, le ponemos un estampado y te queda una remera divina…de shopping”. 


“Al principio era para cubrir las necesidades del Centro de Diseño, pero después nos dimos cuenta que podíamos mecharlo con una filosofía que tenemos con mi esposo muy fuerte, nos encanta el ‘Hazlo tú mismo’, somos así de espíritu, en nuestra casa, nuestro negocio; cuando uno le pone el amor y el tiempo para hacerlo, el resultado no tiene precio”, explica Mariela.


Una prenda o tu negocio

Emprendedora con experiencia, Mariela considera que aunque sigue siendo duro lanzarse al mercado y poner en marcha un emprendimiento, actualmente hay “mucho apoyo, mucha gente dispuesta a capacitarte, a guiarte, eso es nuevo y es fabuloso. Cuando empecé con los pufs y las chichoneras no sabíamos cómo hacer, y nos dimos contra la cabeza mil veces, aprendimos a golpes. Y nos quedábamos en la chiquita, feriantes, discutiendo el pesito; si yo no hubiera ingresado a estos programas no sé si hubiera podido llegar a esto tan grande y con la repercusión que está teniendo. Hubiera seguido en esa chiquita, por ignorancia”, reflexiona.


Lo que más le cuesta de este proceso, fundamentalmente ahora en la etapa de lanzamiento, es la cantidad de horas que hay que dedicarle, que no bajan de 12 por día y llegan a ser 16. “Tengo dos niños que los estoy viendo dos horas por día, máximo. Eso para mí es una espada clavada en el pecho, y es optar”, comenta.


Pero al igual que cuando termina una prenda, el emprendimiento propio tiene, para Mariela, “momentos de súper satisfacción que no te los paga nadie; es algo espiritual, cuando la gente te agradece y te devuelve con mucha alegría el trabajo y el tiempo que dedicaste. Esas cosas te llenan y te hacen dar cuenta que lo que estás haciendo vale la pena”.


En ese sentido destaca lo importante que son las actividades de networking, muchas generadas a través del programa C-EMPRENDEDOR. “Eso ayuda, porque nos vinculamos con emprendedores, terminamos trabajando con ellos, y te sirve para sentirte apoyado, de que no sos el único que está pasando por situaciones de tanto estrés y sacrificio. Hablar ayuda a seguir adelante”.


Antes de seguir atendiendo clientes, Mariela ya piensa en comprar más máquinas, en mejorar y estandarizar los procesos del café y en mejorar la gestión.

De aquí a unos años, lo que más le gustaría sería poder vender el modelo de negocios en franquicias: “que hubiera un Café Costura Tacuarembó, un Café Costura Punta del Este, Café Costura Prado”, y que la idea y la filosofía se siga repicando. “El objetivo es que se multiplique”.